«No tienes talento para escribir» y otros mitos

Marta Tornero Rubioescribir mejor, ser escritor2 Comments

'No tienes talento para escribir' y otros mitos - a escribir sí se aprende - WriterMuse

Hace algunos meses me preguntó un lector si podía evaluar su manuscrito y decirle si tenía madera de escritor. Se lo había dado a leer a una persona que trabajaba también en el mundillo literario y esa persona le había dicho que era muy malo, que debía dejarlo estar ya, antes de decepcionarse aún más.

Me eché las manos a la cabeza, claro. ¿Cómo puede una persona, por mucha experiencia que tenga en el campo que sea, sentenciar el potencial de otra? No importa lo buena o lo mala que sea la obra primera (literaria, musical, artística…) que te enseña otro, eso jamás será indicador de lo lejos que puede llegar. Esta persona no solo le hacía daño a este escritor novel, sino que además se equivocaba de cabo a rabo.

Linda Septien es una maestra de música que ha trabajado con estrellas como Demi Lovato, Selena Gómez y Jessica Simpson entre muchos otras. En una entrevista, Septien hablaba de cuánto trabajo necesitó para hacer que Jessica Simpson sonara bien. No era buena cuando la escuchó por primera vez; nadie hubiera dicho que poseía un talento natural:

«Jessica tenía una personalidad muy dulce, pero se volvía terriblemente tímida en el escenario. Además, su voz necesitaba mucho trabajo. (…) Su vibrato quería decir que Jessica no controlaba bien sus cuerdas vocales, así que tuvimos que trabajar mucho en estirarlas (…). La otra cosa con Jessica es que no tenía emoción, no tenía expresión, conexión con el sentimiento de la música».Linda Septien

Cinco años después, se descubrió a Jessica Simpson y se empezó a decir que había sido un éxito «de la noche a la mañana», que solo era una chica que había estado cantando en el coro de su iglesia local. También dijeron de Kelly Clarkson que había trabajado como camarera y no había cantado jamás, pero todos en la academia de Septien conocían a Simpson y a Clarkson y sabían lo mucho que habían trabajado para llegar hasta ahí.

Septien termina diciendo: «No es magia, ¿sabes?», que creo que resume perfectamente todo el tema del talento y la genialidad.

Pero vamos a empezar por el principio.

¿Qué es el talento?

Según el modelo diferenciado del don y el talento (DMGT): 

El don designa la posesión y el uso de habilidades naturales sobresalientes, en al menos un dominio de habilidad, que coloca a un individuo entre al menos el 10% superior entre individuos de igual edad.

El talento designa el dominio sobresaliente de competencias desarrolladas sistemáticamente (conocimiento y habilidades) en al menos un campo de actividad humana, en un grado que coloca a un individuo al menos entre el 10 por ciento de los mejores en su mismo rango de edad activos en ese campo o campos.Encyclopedia of giftedness, creativity and talent (ed. Barbara A. Kerr)

Si cuando te preguntas si tienes talento para escribir, para bailar o para tocar música, te refieres a que puedas tener una habilidad natural que te haga destacar en este campo… la respuesta es, en prácticamente todos los casos, «No»*. No existe, que se sepa, un don natural para escribir, para manejar el lenguaje, para contar historias. No existe el equivalente a un genio de las matemáticas o un prodigio musical en literatura porque la literatura es una de esas habilidades que no siguen unas reglas lógicas y repetitivas, que gente naturalmente dotada en este área (los savants o «sabios») pueden aprender, memorizar y aplicar más rápido que los demás. Por lo tanto, no existe el «talento natural» o don para escribir.

El talento para escribir es, por tanto, la competencia que hayas alcanzado, y la competencia sí se puede adquirir, mediante práctica deliberada, atención a los errores y perseverancia. Y no hablo solo de la competencia técnica: también la sensibilidad se puede cultivar y desarrollar.

*Dejo cierto margen para la duda porque lo que sí que se ha encontrado en algunos casos es un porcentaje más elevado, globalmente, de mielina, en algunos cerebros clasificados como geniales, como es el caso de Einstein, y la mielina es la responsable del aprendizaje más profundo y duradero. Pero esto es extremadamente raro y te aseguro de que la gran mayoría de los novelistas que admiras tienen un cerebro equipado exactamente igual que el tuyo.


niña escribiendo - talento para escribir (1)

Si ya de niña leías y escribías, es probable que hayas empezado a desarrollar tu talento pronto.

La idea del genio no es lo que crees

No hay ningún genio que no haya dedicado las miles de horas reglamentarias obsesionado con su materia, practicando y mejorando a partir de los errores mediante la práctica deliberada.

La práctica deliberada es un concepto extraño por dos razones. La primera es que se opone a nuestra intuición de lo que es el talento. Nuestra intuición nos dice que la práctica se relaciona con el talento de la misma forma en que una piedra de afilar se relaciona con un cuchillo: es vital pero inútil sin una hoja sólida de lo que llamaríamos «habilidad natural». La práctica deliberada plantea una posibilidad intrigante: que la práctica pueda ser la manera de forjar la hoja misma.Daniel Coyle: The Talent Code

Incluso Mozart, a quien admiramos por componer ya a los seis años, estuvo amparado por 3500 horas de práctica con su padre antes de llegar ahí. Nunca sabremos si Mozart tenía un cerebro especial, más grande o con más mielina de lo normal, pero lo que sí sabemos es que, como todo hijo de vecino, Mozart practicó muchísimo y de manera deliberada para llegar a donde llegó.

Igual que con Mozart, se propagó la idea de que las hermanas Brontë habían salido de la nada y habían escrito unos clásicos de la literatura universal como por emanación divina. Se pensaba que las Brontë habían vivido en un pueblucho, en una casa aislada, sin dinero y apartadas de las corrientes culturales y literarias, y que los primeros libros que engendraron fueron instantáneamente obras maestras (Cumbres borrascosas, Jane Eyre, La inquilina de Wildfell Hall). Todo mentira. El pueblo donde residían era una región con abundante comercio e intercambio de ideas, en su casa era habitual el debate político y literario, no pasaban ninguna penuria, y tenían a su disposición montañas de libros, clásicos y contemporáneos. Sus primeras novelas fueron novelitas de niñas que pasaban el rato inventando fantasías e imitando la literatura gótica que llegaba a su casa, y después novelas de adolescentes, todavía inmaduras y llenas de clichés.

Existen multitud de ejemplos como el de Mozart, las Brontë y Jessica Simpson: aparece una nueva figura de gran talento y la sociedad lo aclama como poseedor de un don natural y extraordinario, cuando en realidad debe su competencia al esfuerzo (también extraordinario).

Estas figuras misteriosas que aparecen de la nada para alzarse con la victoria son como los superhéroes de los cómics. Tienen algo que los hace sobrehumanos y que les permite realizar gestas con los que los demás solo podemos soñar.

La verdad es que la narrativa de los superhéroes nunca me ha gustado. Los superhéroes son esas personas que, por nacimiento, casualidad o por designio divino, adquieren unos poderes que los convierten en algo superior, inalcanzable para el humano común y corriente. Y son esas personas tocadas por el destino las que son capaces de las mayores proezas, de salvar el mundo y de poner los puntos sobre las íes. Los demás nos quedamos embobados mirándolos, soñando quizá con todo lo que haríamos nosotros si fuéramos bendecidos con poderes similares: si tuviéramos la voz de Jessica Simpson, la sensibilidad de las Brontë, el don musical de Mozart o la capacidad creativa de Einstein.

Pero date cuenta de que todos ellos fueron alguna vez novatos en sus respectivos campos, y que con esfuerzo llegaron a perfeccionar sus habilidades hasta adquirir un verdadero talento.

Si escarbas un poco, verás que todos los éxitos repentinos son, en realidad, graduales. Si la primera novela de alguien es magistral es porque no es su primera novela, sino su primera novela publicada.

hermanas bronte - cuadro más temprano - talento para escribir (1)

¿Te parece que las hermanas Brontë estuvieran aisladas en su caserío y vivieran con pocos lujos? No muchas familias podían permitirse los servicios de un pintor en 1838.

Los mitos sobre el talento y la escritura

«No se puede aprender a escribir»

Siempre he sostenido que, exceptuando a los necios, los hombres no difieren demasiado en intelecto, solo en pasión y trabajo duro. Charles Darwin

Cuando escucho por ahí que no se puede enseñar a escribir bien, me estremezco. Y cuando lo escucho de profesores de talleres literarios o de maestros de cualquier ámbito, se me ponen los pelos de punta, porque no es verdad y porque hace daño al que lo escucha, le llena de dudas y de esperanzas que solo sirven para desviar su atención de lo que verdaderamente importa: escribir.

Una palabra equivocada, aunque sea dicha con buena intención, puede afectar mucho a un escritor novel que está dando sus primeros pasos y que sabe que lo que está escribiendo no llega ni a rozar sus expectativas. Y me preocupa que sean los propios maestros de talleres y cursos de literatura quienes digan que el talento es innato e imposible de enseñar o aprender: ¿acaso no recuerdan cuando también ellos escribían fatal?

No sé por qué admiramos tanto al don nadie que ha aparecido de repente para hacerse con la celebridad, el escritor que con su primera novela ha deslumbrado a todo el mundo. Quizá porque es atractivo pensar que también nosotros podríamos ser un genio en la sombra, poseer un don oculto que, como una semilla mágica, brotará en cuanto lo reguemos un poco, sobre todo si llevamos mucho tiempo alimentando fantasías y leyendo ávidamente, pensando que un día saldrá de nosotros la novela ansiada.

Pero la realidad no funciona así, por mucho que nos lo hagan creer con historias fantásticas. La gran mayoría de estas historias de genios y de éxitos deslumbrantes y repentinos, cuando las examinas con lupa, resultan haber sido manipuladas para contar una historia milagrosa y sorprendente, pero totalmente falsa. Su éxito se debe a una combinación de esfuerzo y suerte (y a más esfuerzo, menos suerte necesita la ecuación).

Y, ¿sabes qué? Creo que es mucho mejor así. Todos tenemos las mismas oportunidades* para llegar a ser grandes escritores; no hay unos cuya genética les convierta rápidamente en clásicos universales, sino escritores que dedican más tiempo que otros a su pasión.

*Las condiciones de vida y las circunstancias sociales de cada uno le ayudan a desarrollar más o menos su talento: un escritor cuya subsistencia esté asegurada por una herencia, por ejemplo, puede dedicar esas ocho horas diarias de un trabajo convencional a desarrollar su arte. Pero eso no significa que esta ventaja lo convierta automáticamente en un gran escritor; la Historia está repleta de grandes escritores que pasaron penalidades y encontraron tiempo debajo de las piedras para escribir.


artesanos de florencia - renacimiento (1)

El sistema de gremios de Florencia fue lo que hizo posible el Renacimiento: Da Vinci estudió con Verrocchio, Verrocchio con Donatello, Donatello con Ghiberti… Y la genialidad de cada uno de estos artistas es sobradamente conocida.

«Vale, sí se puede aprender la técnica, pero no se puede enseñar a tener sensibilidad literaria»

¿No se puede enseñar a otra persona a tener una mirada abierta al mundo, a reflexionar más profundamente, a encontrar y asimilar los distintos puntos de vista de un mismo asunto, a desarrollar la empatía? ¿No se puede enseñar a otro a leer con atención en busca de la belleza estética y de la configuración, también bella, de las ideas?

La sensibilidad, del mundo en general y de la literatura en particular, es algo que la gran mayoría de los escritores adquirimos naturalmente, viviendo y leyendo, y por eso creemos que es una capacidad innata, algo que nos ha sido otorgado por el mundo.

Al igual que sucede con la técnica y tu capacidad para asimilarla y emplearla adecuadamente en tus escritos, la sensibilidad de tus primeras obras será inferior a la de las sucesivas, solo tienes que volverlas a leer con la experiencia que tienes ahora.

Así que, sí, la sensibilidad se puede cultivar de forma autodidacta, y se puede enseñar, de la mano de un maestro que nos atienda a cada uno como individuos. Al fin y al cabo, es una de las primeras responsabilidades de nuestros padres y maestros; pero la enseñanza de la sensibilidad no se acaba en la adolescencia ni en la universidad, sino que continúa durante toda la vida.

«Mucha gente asiste a talleres durante años y sigue escribiendo mal»

En The Talent Code, Daniel Coyle pone el ejemplo de Clarissa, una joven que empezó a tocar el clarinete cuando era niña, practicaba casi todos los días con su maestro y, pese a todo, era muy mediocre. Clarissa tocaba el clarinete porque era lo que tenía que hacer, lo que sus padres querían que hiciera, y practicaba sin entusiasmo y sin poner atención a lo que hacía.

Un buen día, el profesor de Clarissa le dio a practicar una canción de jazz. Cuando la escuchó, Clarissa se entusiasmó: quería aprender a tocar eso, quería aprender para poder repetir lo que estaba escuchando. Entonces, Clarissa empezó a interactuar con el instrumento y la partitura de una manera que no había hecho hasta entonces: escuchaba un par de notas, las reproducía, buscaba el error, trataba de corregirlo, y así iba avanzando, nota a nota, comparando lo que había escuchado con lo que producía ella, deteniéndose a cada paso para analizar y enmendar sus errores, y el resultado fue una interpretación magistral.

Esos diez minutos de práctica fueron equivalentes a un mes entero de su aprendizaje habitual: había empezado a practicar de manera deliberada y profunda. Y, además, estaba entusiasmada, quería tocar bien esa canción, por lo que ponía toda su energía en lo que estaba haciendo y la utilizaba para corregirse y aprender.

Creo que estos dos factores son la clave para explicar el éxito y el fracaso de tantos alumnos de tantas materias distintas: la pasión y la práctica deliberada.

Seguro que alguna vez te has apuntado a alguna actividad por la que sentías un pequeño interés, pero al cabo de unos meses te la habías dejado porque no se te daba muy bien y, además, tampoco te entusiasmaba.

Pues bien, el orden de la ecuación sí es importante aquí: en realidad, no te entusiasmaba lo suficiente como para que quisieras ser bueno en ello, por eso no fuiste bueno.

En el baile veo esto constantemente. Alumnos que se apuntan por hacer algo y que empiezan siendo unos patos, acaban siendo todavía patos, y alumnos que traían el entusiasmo de casa, aun siendo los más patos de todos, se convertían en cisnes a una velocidad increíble. Si te gusta bailar, no vale la excusa de «No tengo ritmo», que pone todo el mundo; si te gusta, aprenderás a seguir el ritmo. Lo mismo sucede con la escritura.


Martha Graham, pionera de la danza contemporánea (1)

A los grandes talentos les apasiona su arte. Marta Graham, pionera de la danza contemporánea. Night Journey (1947).

«¿Y si de verdad me entusiasma la escritura, pero siento que no escribo mejor?»

Esto puede deberse a dos motivos: el primero es que quizá, aunque te entusiasme, no estés practicando de la manera correcta, permitiéndote cometer errores y analizándolos o buscando la ayuda de un profesional que pueda guiarte (esto, sobre todo en las primeras etapas de aprendizaje, puede ser determinante).

Si este es tu caso, te recomiendo que asistas a un taller literario, uno de cuyo profesor te fíes y que sepas que te proporcionará una crítica honesta y constructiva, o que trabajes con un lector editorial para que te ayude a detectar los fallos de tu escritura y potenciar tu estilo. Si necesitas que alguien te eche una mano con una guía totalmente personalizada, me encantaría que contaras conmigo y poder ayudarte con un informe de lectura.

El segundo motivo es que, tal vez, sí que estés progresando, pero no lo puedas ver por falta de referencias contigo mismo en el pasado o con otros alumnos de un curso o taller. Es lo curioso (y lo desesperante) de haber desarrollado una habilidad: no te das cuenta de hasta qué punto la has interiorizado y forma ahora parte de ti. Puede que escribas ahora mejor y más fluido que hace algunos años, pero seguramente no recuerdes lo mucho que te costaba entonces ni lo mal que escribías, y los logros que alcances ahora te sabrán a poco porque no te costarán ningún esfuerzo.

Es mucho más evidente en habilidades mecánicas como tocar un instrumento o bailar. Cuando estás todavía aprendiendo un paso nuevo, te parece imposible, crees que jamás lograrás hacerlo con soltura; días o semanas después, lo estás haciendo sin darte cuenta y te preguntas cómo puede no salirles a otros, ¡con lo fácil que es!

Los grandes también se equivocan respecto al talento

No siento mucho respeto por el talento. El talento es genético. Es lo que haces con él lo que cuenta. Martin Ritt

Esta cita está equivocada: el talento no es genético. Sin embargo, sí que es cierto que solo cuenta lo que haces con el susodicho talento. Si quieres tener talento para algo, practícalo.

Te dejo aquí un fragmento de una carta de F. Scott Fitzgerald al editor Max Perkins, en la que menciona su envidia de la capacidad de Hemingway para escribir sin ninguna dificultad.

A fin de cuentas, Max, soy un escritor premioso. Una vez le comenté a Ernest Hemingway que, en contra de lo que se decía por entonces, yo era la tortuga y él, la liebre. Todo lo he conseguido, en efecto, a costa de un esfuerzo prolongado; en cambio Ernest tiene un talento fuera de lo común que le permite hacer cosas extraordinarias sin la menor dificultad. A mí me falta soltura. Es verdad que no me cuesta trabajo hacer literatura barata, pero no es eso lo que me interesa. F. Scott Fitzgerald. Carta a Max Perkins, 1934

Nos da la impresión de que a Hemingway le salían las novelas como churros, pero en una de sus citas más famosas, Hemingway explica cómo es su proceso y nos enseña que no tenía nada de extraordinario. Habla de sobrevivir, porque quizá su ni su vida ni su escritura eran fáciles; y habla de escribir desde el amanecer hasta el mediodía: ¿cuántos de nosotros escribimos seis horas todos los días?

Escribes hasta que llegas a un lugar donde todavía tienes energía y sabes lo que sucederá después y te paras e intentas sobrevivir hasta el día siguiente, cuando te pones con ello otra vez. Has empezado a las seis de la mañana, por ejemplo, y puedes continuar hasta el mediodía o acabar antes.Ernest Hemingway

Hemingway no tenía un don, como pensaba Fitzgerald: Hemingway trabajaba duro, quizá más que el propio Fitzgerald, y por eso este le atribuía unas cualidades sobrenaturales.


fitzgerald escribiendo a mano (1)

Fitzgerald pensando en un Hemingway que debía estar tomando unas cañas con los colegas mientras él estaba ahí sentado sudando tinta.

Si quieres saber más

Te recomiendo que leas los siguientes libros, especialmente el primero, de donde saco la idea principal de que el talento se puede desarrollar y no proviene de un don natural:


No dejes que nadie te diga si tienes o no un don, talento para escribir o madera de escritor. Eso solo puedes decidirlo tú.

About the Author

Marta Tornero Rubio

Facebook Twitter

Marta Tornero Rubio es asesora literaria y correctora en WriterMuse, donde comparte herramientas, recursos y estrategias para escribir con toda tu creatividad. Si te bloqueas al escribir o el resultado te desanima, pásate por WriterMuse; escribir tu mejor novela está a tu alcance. Apúntate a su centro de recursos de escritura creativa para saber cómo.

Artículos relacionados

Comparte <3

2 Comments on “«No tienes talento para escribir» y otros mitos”

  1. Hola, soy Juande, el de Twitter, @Juande84918432

    Este artículo me gusta un montón, pero me lo he guardado en pdf en mi carpeta de lectura para leerlo en otro momento más despacio. El tiempo es un problema que me rompe esquemas.

    Gracias. Te tiene que gustar mucho escribir para derramar tinta así como lo haces.

    Yo empecé a escribir con diez años. Por ese entonces, estaba en un internado en Madrid, y me escribía con una amiga de mi edad que estaba en el pueblo (en Consuegra, Toledo). Ella me preguntaba que cómo era ese lugar donde yo estaba, y para no decirle que aquello era realmente un infierno, pues me inventaba cuentos y a través de esos cuentos en las cartas le decía de una forma fantástica cómo se estaba en el internado.

    Después, te das cuenta que has desarrollado una forma de ver el mundo… En mi caso, «pintar con letras», y continúas escribiendo, relato, versos, cuentos, y luego ya, libros y escenas de la vida.
    El problema es que nací en un mundo sin derecho de supervivencia, y si no tienes nombre en el mercado o no te puedes pagar tus primeros libros para que salgan a la luz… por muy bien que escribas en este mundo de salvaje capitalismo… no sales a la luz.
    Pero ahí sigo, a veces envío algo a algún concurso literario. Pero mi último libro no sé qué hacer, tiene mucho nivel para enviarlo a un concurso… y ahí está en un cajón de interrogantes.

    Bueno, disculpa si me he extendido, es que mis dedos se pegan a las teclas. Un saludo.

    También tengo un blog, es este: http://juandeu.blogspot.com

    1. Hola, Juande:

      Me recuerdan tus comienzos al de las hermanas Brontë, que escribían sus cuentos para amenizarse la vida y sorprenderse las unas a las otras, igual que jugabas tú con tu amiga inventándote historias.

      Es cierto que es un mercado difícil y que hacerse ver requiere mucho esfuerzo, no solo de escritura sino también de promoción y marketing, pero precisamente en eso veo yo más esperanza que en la idea de que un día nos descubran por casualidad, porque significa que está en nuestra mano seguir por el camino de la escritura hasta adquirir verdadero talento (o no, y dejarlo aquí y dedicarnos a otra cosa).

      Un abrazo y gracias por tu comentario. A seguir escribiendo. 😉

      Marta

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *