Las rutinas de 10 escritores emprendedores

Marta Tornero Rubioescribir más, hábitos creativos, ser escritor2 Comments

Hay un momento determinante en la vida de todo escritor. No llega cuando publica su primera novela, aunque también es un hito importante, sino que tiene lugar bastante antes. Es un punto de inflexión que permite que el sueño de publicar sea algún día realizable, y, yo creo, es el momento en que uno puede llamarse orgullosamente escritor.

El escritor se toma en serio su creatividad y decide que la escritura es parte de sí mismo, y una parte importante, porque proviene de sus valores y principios, no de obligaciones e imposiciones externas.

Estamos acostumbrados a reaccionar a las obligaciones que nos vienen de fuera. A presentar los trabajos al profesor, a llegar puntuales a la oficina, a recoger a los niños de la escuela, a ir a comer a casa de los suegros los domingos… Todas estas obligaciones, aunque no siempre nos gusten, las cumplimos religiosamente porque la presión externa nos obliga a ello (y el miedo a las consecuencias: sacar mala nota, perder el trabajo, decepcionar a nuestros seres queridos…).

La escritura no siempre es algo a lo que quieres entregarte. Te despiertas cansado o con una montaña de trabajo pendiente, te reclaman en la oficina o al teléfono. O si eres de los que escriben de noche, después del largo día solo te apetece pedir sushi a domicilio y buscar algo en Netflix. No hay presión externa para escribir, solo estás tú y tu voluntad, y eso lo hace lo más difícil.

En un mundo ideal, la escritura debería ser siempre sencilla y placentera. Y puede serlo muchas veces, gracias a lo que solemos llamar «inspiración»; sin embargo, otras veces no nos lo ponemos fácil (sí, nosotros mismos; no interviene nadie más), y en estos casos nos vendría bien esa presión externa, algo que nos diera una inercia que a nosotros nos falta. Un «escribir porque no hay más remedio». Pero eso no existe.

El momento que da comienzo a tu carrera como escritor es cuando te das cuenta de que no hay nadie que vaya a obligarte a escribir, a ser creativo, a ser feliz.

Tienes que hacerlo tú mismo, y para ello necesitas establecer una rutina, tu propia rutina.

Se ha hablado mucho de las rutinas de escritores decimonónicos, como Balzac o Dickens, de escritores contemporáneos con los que nos cuesta un poco empatizar (pertenecen a esa selecta camarilla que puede permitirse viajar al extranjero para documentarse para su próxima novela), y de celebridades literarias que escriben ocho horas al día y que viven de los derechos de autor por las adaptaciones a la gran pantalla… pero esta situación no es (aún) la nuestra.

A mí me interesa sobre todo la rutina de escritores como tú y como yo, pero que han llegado más lejos en su camino: con uno o varios libros publicados y años de trabajo detrás. No hace tanto que «han pasado por ahí», han combatido a sus demonios interiores y saben lo mucho que cuesta, y que la batalla continúa librándose cada mañana.

Por eso en el artículo de hoy te traigo la experiencia de 10 escritores distintos, escritores que han conseguido establecer una rutina y vencer a la procrastinación y a la duda. Escritores que no esperan a la inspiración porque son su propia Musa, y que no dan mucho crédito al canto destructivo de la Sirena.

Espero que te inspiren a «tomarte en serio el juego de escribir» y que te ayuden a convertirte también en escritor.

Las rutinas de 10 escritores emprendedores


Carlos J. Eguren


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Escritor en El Antro de los Vampiros y Otros Monstruos . Ha escrito las novelas El Tiempo del Príncipe Pálido (2017), Devon Crawford y los Guardianes del Infinito (2016) y Hollow Hallows (2015).

Escribo todos los días y en cualquier parte. No obstante, pienso que crear rutinas muy fijas puede llegar a matar la creatividad. No lo centres en: “escribo a tal hora en tal sitio” como si fuera un dogma. Puedes escribir a cualquier hora en el estudio de tu casa, en la biblioteca, en la sala de espera de un hospital… Lo importante es que escribas todos los días y no crees un horario o un espacio solo para ello (es la mejor forma de justificarte cuando no quieras escribir: “no estoy en ese sitio”, “no puedo escribir en otro”, “el ruido de otros lugares me afecta”…).

Stephen King decía algo así como “lee cuatro horas y escribe otras cuatro”; Ray Bradbury decía que escribieses un relato cada semana y tendrías a finales de año unos cincuenta y dos (y no todos serían malos). Creo que ambos consejos me han influido mucho. Incluso cuando tengo menos tiempo, intento sacar algún momento para juntar un par de letras. Más vale escribir un párrafo al día que dos páginas cada seis meses, ¿no?

Empecé con la rutina en 2008 y, durante años, escribía un microrrelato al día y un relato a la semana: me ayudó a interiorizar muchas reglas y aprender muchos conceptos; ahora intento seguir con las distintas novelas que tengo empezadas. Poco a poco, se completan.

Por último, Neil Gaiman afirmaba que lo importante era terminar tus historias y estoy de acuerdo en que es una carrera a cuya meta, antes o temprano, debemos llegar. De lo contrario, las ideas que dejas a la mitad en el anterior proyecto sobreviven para el siguiente y tiendes a repetirte. Creo que terminar es importante, pero también empezar, así que ánimo y no te detengas. No sabes a dónde podría llevarte tu historia…

«Cinco trucos para escribir más», en el blog de Carlos J. Eguren.

Pablo Ferradas


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Escritor en Con Gen de Gnomo. Ha escrito las novelas de fantasía y ciencia ficción juvenil La Caja de Bernit (2016) y La esfera imperfecta (2017).

Puedo decir que los pomodoros salvaron mi vida. Mi productividad se disparó una vez que decidí distribuir las tareas en bloques de tiempo y obedecer ciegamente a todas las alarmas que puse en el móvil.

Ahora el reloj es mi jefe. Me dice cuándo poner lavadoras, cuándo escribir narrativa, cuándo corregir, cuándo estar pendiente de las redes sociales, cuándo ponerme a crear contenidos para el canal de Youtube o el blog, cuándo organizar el trabajo e incluso cuándo hacer el parón para comerme un sandwich ;). 

Suelo comenzar la jornada a las 6:30-7:30 de la mañana y me dedico primero a solucionar lo que mis neuronas adormiladas permiten. Según pasan las horas voy dedicando tiempo a otras tareas que precisan más atención, pero siempre intentando respetar los límites de tiempo que me he impuesto para cada tarea. He descubierto que de esa manera soy más eficiente.

Por supuesto, se trata de un sistema dinámico y variable, pero solo necesité unos tres meses en conseguir reducir los márgenes de procrastinación a niveles funcionales (Una miradita a las redes a destiempo se perdona, dedicar cinco minutos a buscar un GIF gracioso para twitear una respuesta…, malo ;D).

«Cómo gestionar el tiempo para escribir más», en el blog de Pablo Ferradas.

Celia Arias Fernández


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Escritora y correctora en Celia Arias. Ha escrito Lumen (2017), una novela de fantasía urbana juvenil. Imparte cursos en la plataforma de Marketing online para escritores.

Me gusta escribir por la mañana temprano, cuando hay menos ruido en la casa. Casi siempre escribo en una habitación, aunque depende de la fecha. Es un sitio de contrastes y en los meses fuertes hace mucho frío o mucho calor. Así que suelo plantar el portátil donde sea, en el salón o en cualquier lado donde esté bien. Me he acostumbrado a aislarme del mundo y no me importa que haya gente alrededor, pero no puedo concentrarme tan bien con ruidos como la televisión o la radio.

Suelo apuntar todas las tareas diarias en un bullet journal. El “problema” es que tengo muy buena memoria y en mi cabeza hay citas y cosas por hacer. Aunque lleve un control escrito, no puedo librarme de ellas del todo. También me funcionan los pomodoros. Suelo usar una página temporizadora o Forest en el móvil. Si lo activo, soy bastante fiel y lo cumplo. Es la manera más sencilla de concentrarse y dedicar ese tiempo a escribir (o a cualquier otra actividad como el blog). También evito mirar las redes sociales al empezar el día o cuando enciendo el ordenador. Aunque crea que no me afecta, acabo mirando otros artículos o hablando con gente. Así que lo mejor es dejar las redes o el móvil para después.

Me llevó tiempo afianzar la rutina y hay rachas de mucho trabajo en que me cuesta seguirla. Lo que más me ayudó fue apuntarme a un grupo de Facebook que creó Gabriella Campbell. Muchos escritores nos propusimos crear el hábito de la escritura y llevábamos un control diario de tiempo y número de palabras. Fuimos ampliando nuestro tiempo progresivamente hasta completar un mes. Eso me ayudó también a superar el Nanowrimo y creé mi rutina. Me di cuenta de lo importante que es para escribir a diario.

«Cómo ser un escritor más productivo», en el blog de Celia Arias.

David Generoso


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Escritor de relatos cortos y cuentos en David Generoso. Ha publicado sus relatos en dos colecciones:
D. I. O. S. (2013) y Crohnicas con h (2014).

Cada vez que suena el despertador a las 6 de la mañana, maldigo mi vocación de escritor. Y es que a esa hora, de 6 a 8 AM, es donde he encontrado mi hueco para escribir. A partir de las 9 empieza la jornada de diseñador gráfico y las rutinas correspondientes a una vida, y el reloj vuela sin un momento libre para crear historias.

¿Cambiaría algo del proceso? El sonido de la alarma, que lo odio. Y añadiría a mi cuerpo el superpoder de no cansarme nunca, porque hay veces, no muchas ni tampoco pocas, que pienso en ti… Digo, que procrastino. Perdón por el desvío musical, pero Iván Ferreiro corretea por mi cabeza mientras escribo esto.

Esa rutina me costó crearla varias semanas consecutivas. Para escribir hay que ser constante, como un enamorado lanzando piedrecitas cada noche contra el cristal de su amada. En muchos casos la ventana no se abrirá. En algunos, caerá un cubo de agua a través de ella. Pero sólo los elegidos que aguantan un día tras otro acabarán hipotecados y cambiando pañales junto a la mujer que observa desde la ventana la historia que inventan para conquistarla.

Un par de consejos que a mí me funcionan: Lleva siempre una libreta encima (y un boli, claro). Y apunta ideas que desarrollarás después. Si tienes lleno el cesto de ideas pendientes de plasmar, es más fácil mantener la rutina de escribir. Y sueña. Todo el rato. Porque para que se cumplan los sueños, primero hay que tenerlos.

Un consejo extra. Por si eres de los que se distraen fácilmente al escribir, en mi blog publiqué un artículo para tratar de evitarlo: 


Leyles Rubio León


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Escritor y storyteller. Tiene textos divulgados en diversas antologías, revistas y publicaciones digitales, algunos traducidos al inglés. Su primer libro es Bailando descalzo por Madrid (2016).

Mi mamá es enfermera y yo, muy propenso a las afecciones. Es así como ella me enseñó la importancia de tomar las pastillas a horas exactas. Y desde entonces, respeté los horarios que se me establecían. Aquel hábito se fue transformando en un pilar importante para mi método de trabajo como escritor.

Las horas iniciales del proyecto —artículo, relato, novela— las dedico a plantearme objetivos y planes que respondan a preguntas clave. ¿De qué va a tratar lo que escribo?, ¿qué tema va a ser el que predomine?, o ¿cuándo quiero publicarlo? Con ello impongo la rutina, es decir cuántas horas y en qué momento del día me dedicaré a ello.

Trato de establecer un horario realista. Yo trabajo por las tardes, y no dejo de leer libros relacionados. Por ejemplo, cuando escribí Bailando descalzo por Madrid tuve un periodo de lecturas sobre el desarraigo en esa ciudad europea. Me sirvió de mucho para entender las travesías de mi historia. Es decir la ruta de los personajes, por dónde irán, qué les ocurrirán. Así se hace menos complicado escribir.

Sin embargo, en un punto creía que no atrapaba lo que estaba tramando y que pasaría desapercibido por la abismal competencia. Uno puede darse por vencido, como cuando la fiebre no baja por días. «Pero hay que continuar, ser paciente y esperar», insiste mi madre. En efecto, solo puede vencerse así, con las pastillas de la escritura y también con la investigación y la observación.

El camino hasta ver el texto publicado —que terminará siendo de los lectores— es largo y tedioso. Solo queda disfrutarlo. Los más grandes escritores pasaron por el mismo padecimiento. Se curaron porque respetaron las horas de la medicina, ayudados quizá por una enfermera eficiente, pero no mejor a la que yo tengo.


Román Sanz Mouta


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Autor de Intrusión (2016), Introspección y Benceno en la piel. Ha publicado más de 300 relatos en Sttorybox y participado en dos antologías de terror: Delirios terroríficos: cuentos de terror y Fronteras y Descubrimientos.

Creo hay un pensamiento romántico sobre la escritura nocturna; esos crápulas legendarios, esos artistas insomnes que sangran y vomitan verbo entre tragos espirituosos y sustancias afines.

La realidad es que aquella gente ya se dedicaba a ello. Otros tiempos. Muy diferentes de las circunstancias de cada un@ en este presente incierto. Porque llegamos exhaust@s de la  vida, de las ciento de tareas diarias, sólo con ganas de la desconexión. Quemad@s. En un estado inadecuado por ser benévolos.

Como también lo es saltar a escribir en cualquier pedazo del día. Que sirve para anotar ideas, pero que no permite continuidad para esbozar más que fragmentos y escenas. Recomendable, eso sí, acompañarse de libreta y bolígrafo. Es leña para la hoguera, necesaria, pero no es el mismo fuego que necesitamos.

Tras pruebas de mucho error y poco acierto, he resuelto escribir por la mañana. Al amparo del amanecer, con obligación y despertador. ¿Por qué?

Aún siento el saludable influjo del onírico (creo muy importante soñar en abundancia). Me noto más suelto, abstracto, creativo, terrible o fantasioso, con un pie todavía en otro mundo.

Por otro lado, me resisto a la realidad durante esa franja primeriza. No interactúo o respondo a nada o nadie (ayuda vivir solo). No me dejo contaminar por el presente. Somos la novela en curso, el relato u obsesión, y yo. Imbuidos. Manuscrito o mecanografiado. Nada más. No hay cortes o interrupciones.

Durante el tiempo determinado, me asocio más que enfrento a la escritura y le doy lo mejor que tengo, aún lleno, sin cansancio o despiste.

Y, establecida la rutina, ayuda a que esos días sin inspiración, las propias pautas se activen, la mente reconozca su hora de esplendor y fluya de manera natural surgiendo la escritura, la imaginación.


Gema Moratalla


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Escritora en Libros en vena. Escribe poesía y relatos cortos y ha publicado recientemente su primera novela, El Templo de los Inocentes (2017).

Hace tiempo escribí el artículo «Los diez mandamientos del escritor para no procrastinar» no sólo para mis lectores, sino para mí misma. He de confesar que los incumplo a menudo, así que tal vez estoy comprando el billete hacia el infierno de los escritores.

Sin embargo, he aprendido a no auto-flagelarme por no escribir tanto como quisiera. Soy consciente del tiempo/energía disponible y trato de usarlos de forma provechosa. Sólo así me pongo objetivos realistas que pueda cumplir. Hay etapas en las que de verdad no puedo escribir (soy profesora y hablo de las semanas finales de cada trimestre). Lo importante es saber retomar el ritmo y las rutinas una vez pasadas estas etapas. 

También necesito visualizar los objetivos que me fijo a corto, medio y largo plazo. He aumentado la eficacia al crear una planificación visual que tengo colgada en la pared de mi habitación (utilizo plantillas, post-it y algunas técnicas de bullet journal). Cuando me siento a escribir, me preocupo por la calidad tanto como por la cantidad. No me funciona ponerme objetivos tipo «x cantidad de palabras cada día». Primero, porque no los cumplo y segundo, porque los borradores resultan a veces demasiado flojos. Un buen equilibrio es lo mejor.

Por último, me ayuda mucho escuchar música con auriculares, siempre instrumental. En concreto con música binaural el nivel de concentración que logro a veces es espeluznante.

«Los diez mandamientos del escritor para no procastinar», en el blog de Gema Moratalla.

Luis David Pérez


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Escritor y trader en Luis David Pérez. Ha publicado no ficción sobre el mundo del trading y la gestión emocional: Buscando mi esencia (2017) y Cartas al trader (2018) y está escribiendo su primera novela.

Hablar sobre rutinas y organización a la hora de escribir es tan personal como el texto en sí. En mi caso, la forma de organizarme depende de la etapa en la que me encuentre dentro del proceso de escritura de la obra.

Al principio de todo, en la fase de documentación y diseño de la trama, no delimito un horario o espacio físico, me es indiferente el tiempo que dedique y lugar, prefiero incluso que sea intermitente, aleatorio, dejando que la inspiración me visite. Suelo tardar meses en tener todo atado.

La cosa cambia cuando comienzo el redactado del primer borrador, preciso de concentración y regularidad para no salirme nunca de la historia. Para este periodo sí que me obligo a un horario e intento por todos los medios alejarme de las distracciones. Esta fase consume aproximadamente el veinte por ciento del tiempo que dedico a toda la obra.

Para finalizar, la parte que personalmente me resulta más ardua, es la dedicada a correcciones y rescritura. Consume el cincuenta por ciento de tiempo dentro del proceso y al igual que la primera fase, no marco un horario. Una de mis premisas es disfrutar con esta actividad y no pongo plazos para finalizar una obra, puedo dejarla incluso semanas en barbecho para retomarla con más frescura.

No obstante, he de confirmar que las primeras horas de la mañana son las más productivas para mí y por tanto, trato de aprovecharlas siempre que puedo. Por otra parte, busco la inspiración en bibliotecas, librerías y saliendo a caminar en solitario. Un último truco, suelo echar mano del blog de notas y la grabadora de sonidos para que ninguna idea se evapore, no podemos permitirnos ese lujo.

«¿Por qué escribo? El poder terapéutico de las palabras», en el blog de Luis David Pérez.

M. M. J. Miguel


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Escritor en De letras no sé nada. Escribe cuentos y crónicas y está preparando su obra de fantasía épica, Proyecto diamante.

En general pienso que la rutina lo es todo. Cuando uno se dedica a crear dentro del mundo artístico, debe entender que la maestría solo proviene de la práctica constante. No hay caminos cortos o fáciles, pero sí hay elección de actitud a la hora de lanzarnos por este barranco.

A mí me funciona el escribir todos los días o al menos en la mayor parte de la semana. Prefiero las mañanas; el cuerpo está descansado, y por fortuna, trabajo desde casa. Tengo un cuarto destinado al oficio, diferente al que uso para dormir o para leer. Procuro tener a la mano libros de consulta y mis notas, además de una taza de café tan negro como el metal que escucho (Chiste repetido de mi artículo sobre rituales de escritura, lo siento).

Aviso que cuesta acostumbrarse. Cuando se vive solo, las distracciones aparecen dibujadas en las paredes, como grietas. El internet es un hueco si los sentidos andan difusos; hay que evitarlo a menos que sea necesario conectarse. Quizás ayude el hecho de ser un poco ermitaño, por lo que no tengo que estar pendiente de llamadas o mensajes.

Dentro de la rutina recomiendo tener descansos, en los cuales me avoco a leer el libro de turno o a rasgar un par de acordes en la guitarra. También camino un poco por la casa. Dos horas como máximo para recargar pilas, almorzar, etc.

Escribir es maravilloso, pero lo maravilloso requiere más trabajo que aplausos. Menos autobombo y más creación; ten eso en mente. Hay que ser profesional por ti y por los lectores. Cultivarse uno mismo en la palabra y por la palabra.

«Rituales de escritura», en el blog de M. M. J. Miguel.

Abel Amutxategi


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Escritor y profesor de talleres literarios en Cómo escribir un libro. Autor de fantasía humorística (Su muerte, gracias (2016), Jo, jo, jo (2017), La tienda del señor Li (2017)) y literatura infantil (Berbontzi (2014)).

Cualquiera puede convertirse en un escritor amateur bastante apañado a nada que aprenda los rudimentos básicos de la escritura. Pero para convertirse en un escritor profesional y, sobre todo, cumplir con tus objetivos a medio y largo plazo, necesitarás establecer un férreo hábito de escritura. Y es que creo que lo esencial no es tanto el talento o la motivación que tenga uno, sino la voluntad: ese deseo de convertirnos en el mejor escritor que podamos ser, que será el que nos obligará a sentarnos frente al ordenador día sí y día también.

En mi caso, cuando estoy escribiendo una novela me autoimpongo un número mínimo de palabras por semana y otro número mínimo de palabras diarias, aunque con este último sólo debo cumplir cinco días por semana. No son unos límites férreos, puede haber mil avatares inesperados que me hagan incumplir esta planificación, pero sí que me sirven de medida para saber si estoy trabajando a buen ritmo o si necesito ponerme las pilas.

Pero construir esa rutina me ha llevado bastante tiempo, claro. Para trabajarla, empecé por reservar cada día un tiempo y un lugar específicos para la escritura. Escribía todos los días a la misma hora y en el mismo lugar de la casa, y para evitar las distracciones utilizaba la técnica Pomodoro y una aplicación con ruido de fondo.

Al principio recomendaría poner siempre como objetivo un tiempo de escritura en vez de un número de palabras escritas porque, mientras que el número de palabras fluctuará de sesión en sesión, el tiempo de escritura sólo dependerá de nuestra voluntad.

Una vez establecido este pequeño hábito todo es cuestión de ampliar ese tiempo de escritura y extenderlo, tal vez, a otros lugares.

Duro con la tecla, ¡y no te desanimes nunca!

«El método pomodoro aplicado a la escritura», en el blog de Abel Amutxategi.

¡Muchísimas gracias a todos!

Como habrás visto, hay muchos puntos en común entre todos estos escritores. El primero y más importante es que progresan día a día, pero también son compasivos con ellos mismos cuando fallan o no cumplen con las expectativas que se habían creado. 

Te recomiendo que eches un vistazo a sus blogs, especialmente los artículos donde desvelan cómo combaten a la procrastinación, utilizan rituales de escritura o usan técnicas como el pomodoro para animarse a escribir cada día. Si sigues sus indicaciones y persistes tú también verás tus relatos y novelas publicados, como ellos. ¡Mucho ánimo!

no importa lo lento que vayas mientras no te pares - writermuse

¿Cuál es tu rutina para escribir? ¿Has utilizado alguno de los métodos de estos autores? ¿Vas a probar alguno nuevo?


About the Author

Marta Tornero Rubio

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Marta Tornero Rubio es asesora literaria y correctora en WriterMuse, donde comparte herramientas, recursos y estrategias para escribir con toda tu creatividad. Si te bloqueas al escribir o el resultado te desanima, pásate por WriterMuse; escribir tu mejor novela está a tu alcance. Apúntate a su centro de recursos de escritura creativa para saber cómo.

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2 Comments on “Las rutinas de 10 escritores emprendedores”

  1. Primero que todo, agradecido de verdad por la oportunidad para hablar un poquito sobre literatura. Un verdadero honor aparecer entre buenos colegas.

    De verdad concuerdo con todos: hay que escribir y nada más, sin importar el método. Con objetivos claros, se trazan rutas claras.

    Un abrazo para todos desde este lado del charco. ¡Sigamos escribiendo y creando!

    1. Hola, Miguel!

      Sí, al final es eso: escribir y nada más, pero siempre hay un millar de cuestiones que entorpecen la escritura y la creatividad, y ese “nada más” se convierte en una montaña. A ver si con vuestros consejos más escritores noveles se animan a emprender el camino de la literatura. Yo estoy segura de que vuestras palabras inspirarán a muchos.

      Un abrazo 🙂

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