Aprende de Amy Tan: Lectura crítica para escritores

Marta Tornero Rubioescribir mejor, lectura crítica2 Comments

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Amy Tan es una de las autoras estadounidenses de raíces chinas más conocidas y que mayor éxito han cosechado. Su carrera literaria empezó por todo lo alto con El club de la buena estrella (publicado en 1989 y adaptado al cine en 1993), y desde entonces, y seis libros después, Tan ha conseguido acercarnos a un mundo que a muchos occidentales nos resulta infranqueable.

Hay muchísimas cosas que puedes aprender de Amy Tan si aplicas la lectura crítica para escritores. Este artículo te muestra solo un puñado de ellas, con extractos de varios de sus libros y mis comentarios sobre cada uno de ellos. No voy a detenerme a describir los argumentos de sus obras ni voy a reseñar o valorar críticamente los libros; si buscas en Internet encontrarás muchísima información, ¡demasiada! 😅

He disfrutado leyendo a Amy Tan, y también he aprendido mucho como escritora. Cada uno de sus libros merece una lectura pausada y atenta. Su narrativa es de gran riqueza literaria: es detallista, en ocasiones poética, y en ella todos los elementos encajan como en una de esas cajas mágicas que nunca sabes por dónde empezar a abrir.

¿Mi preferida? Los cien sentidos secretos. Creo. O El valle del asombro. Uf, la verdad es que no podría decirte. ¿La esposa del dios del fuego? Todas tienen algo único y que recuerdo vívidamente (y casi todas me han hecho llorar, y no suelo llorar con la literatura. Con otras cosas sí, soy muy llorona).


Qué puedes aprender de Amy Tan

A introducir detalles únicos

«Yo sólo tenía seis años cuando desapareció, pero ciertos detalles los recuerdo con mucha claridad: la pesadez de su pelo, la firmeza de su mano cuando cogía la mía, su habilidad para pelar una manzana en una sola tira espiral, de modo que quedaba en mi mano como una serpiente amarillenta aplanada. ¿Recuerdas? Así es como aprendí a hacer eso para ti.»La esposa del dios del fuego

Los detalles que Amy Tan selecciona para estimular nuestra imaginación no son los que primero nos vienen a la mente cuando describimos algo o a alguien.

Si te piden que describas a tu madre, tal vez pienses primero en cómo habla, cómo sonríe o cómo camina, pero no te vendrá a la cabeza, de primeras, la manera en que pela las manzanas. Quizá si haces el esfuerzo puedas recordarlo, o puedas recordar otros detalles curiosos sobre tu madre, detalles que transmitirán a la persona que te lee o te escucha el carácter individual de tu madre con mucha más fuerza que una descripción en la que encajaría casi cualquiera. 

En el fragmento de arriba el narrador habla de la firmeza de la mano y de la «pesadez» del pelo de su madre, pero no de su color o de su longitud, que es lo habitual en estas descripciones. El lector siente la unión entre madre e hija a través del tacto, una unión atávica que se desarrolla por sentidos que vamos dejando relegados a medida que crecemos.

No te quedes con lo primero que te pase por la cabeza: involucra todos los sentidos y piensa en detalles únicos e idiosincráticos de tus personajes que se graben en la imaginación del lector.

A hacer descripciones multidimensionales

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El valle del asombro


Las descripciones de Amy Tan son muy ricas no porque las espolvoree de calificativos, sino porque tienen muchas dimensiones. En la descripción de arriba de Lucía encontramos la tensión cultural e interracial (naranja), la descripción propiamente física (azul), las comparaciones con otros objetos (morado), las opiniones de los otros (verde), los adjetivos (rojo), el efecto que produce en los demás (gris) y la intervención del narrador (amarillo).

Para describir a su madre, Violeta usa las imágenes de un cuchillo y de un puño, imágenes agresivas que nos transmiten que Lucía es una mujer dura y peligrosa, o al menos así es para su hija, quien no encuentra en ella la calidez que necesita.

Por cierto, ¿te has fijado también en cómo alterna el ritmo de las frases? Acuna al lector, pero sin dejar que se duerma; cuida el ritmo para que no resulte monótono.

Las imágenes que escoges para las descripciones no solo sirven para comparar una característica con otra, simplemente porque guardan cierto parecido, también transmiten algo subyacente.

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A jugar con varios puntos de vista

«Era el retrato de mi madre de joven. (…) Sentí una extraña incomodidad, como si estuviera viendo un secreto terrible de mi madre cuyo conocimiento fuera a ponerme en peligro, o quizá un secreto que me concernía a mí. Mi madre tenía la cabeza inclinada hacia atrás, dejando al descubierto las fosas nasales. Tenía la boca cerrada, sin una sonrisa. Era como si alguien la hubiera desafiado y ella hubiera aceptado el reto sin dudarlo. O tal vez tenía miedo e intentaba disimularlo. Sus ojos estaban muy abiertos y las pupilas eran tan grandes que volvían negros sus ojos verdes. Era la mirada de una gata asustada. Así era ella antes de aprender a disfrazar sus sentimientos con una pátina de confianza en sí misma. ¿Quién era el pintor que disfrutaba viéndola amedrentada?»El valle del asombro
«Cualquiera que hubiese visto el cuadro habría confirmado que yo era la modelo. Pero aunque estaba bien ejecutado, yo no quería ser esa chica de mirada vacía, incapaz de ver más allá del pintor, como si él fuera a ser siempre todo su mundo. Ése no era mi espíritu, sino lo que quedaba después de perderlo. Lu Shing no me conocía, y lo que más miedo me daba era que yo tampoco. Él amaba a una chica que no existía. No me conocía íntimamente.»El valle del asombro

En los fragmentos de arriba vemos el mismo cuadro desde dos perspectivas distintas.

En la primera descripción el punto de vista pertenece a Violeta, que acaba de reencontrar el retrato de su madre; en la segunda, es la propia Lucía la que juzga la obra de arte. Un tercer punto de vista es el del autor del cuadro, al que las dos mujeres juzgan, puesto que el cuadro también transmite la mirada del pintor: lo que decide mostrar y cómo lo muestra.

El mismo cuadro provoca sensaciones distintas y otras similares, y el juego de la perspectiva se hace más vívido porque estamos ante un mismo objeto, una realidad objetiva que adquiere una dimensión diferente según la experiencia de cada personaje.

Si puedes hilvanar el punto de vista y las percepciones íntimas de tus personajes en la descripción de un objeto o paisaje, comunicarás mucho más que si te limitas a retransmitir objetivamente lo que ven.

A usar adecuadamente el ritmo de las frases

«Sigue andando, me dije, sigue andando. No podía respirar. Pensé que no debía engañarme, que él no estaría allí. Tenía que seguir adelante. No quise mirar al lado y no aparté los ojos del centro de la calle. No mires. Sigue tu camino. Pasé junto a la librería. No miré. Seguí andando, hasta que estuve a una manzana de distancia. Me detuve y exhalé un profundo suspiro. Me dolía un poco el corazón y comprendí que había permitido que un poco de esperanza saliera de él. Volví a suspirar, esta vez muy entristecida. Y siguió otro suspiro, de alivio, pero no era mío. Me volví. ¡Ver su cara! ¡La alegría de su cara! No dijimos nada. Él me cogió las manos y las apretó con fuerza. Estábamos en medio de la calle, con los ojos húmedos de felicidad, sabiendo sin necesidad de hablar que los dos sentíamos lo mismo.»La esposa del dios del fuego

La escritura de Amy Tan suele ser más cadenciosa. No llega a las superposiciones de García Márquez o de Vargas Llosa, pero tiende a moverse lentamente y a discurrir en meandros. Sin embargo, en este fragmento lo que destaca es la agilidad. Son frases cortas y rápidas, plagadas de repeticiones, que imitan el estado agitado y acelerado de la protagonista.

Cuando leas que tus frases deben ser breves, recuerda el efecto que producen las de Amy Tan aquí. Sí, pueden y probablemente deban serlo si quieres transmitir agilidad, acción, ansiedad, monotonía… Pero ninguna obra, ni siquiera de género noir, tiene por qué poner al lector en tensión constantemente.

Utiliza bien el ritmo de las frases, porque también transmite información.

A ambientar con delicadeza

«Sí, sí, estoy segura de que fue en 1864. Ahora lo recuerdo, porque ese año, dicho en chino, sonaba muy raro. Sólo tienes que escucharlo, Libby-ah: yi-ba-liu-si. Miss Banner opinaba que era como decir: pierde la esperanza, deslízate hacia la muerte. Y yo le dije que no, que significaba: ten esperanza, los muertos permanecen. Las palabras chinas son buenas y malas de esta manera, tienen muchos significados, según lo que haya en tu corazón.»Los cien sentidos secretos

Aunque escribe en inglés, Tan nos introduce de vez en cuando elementos del lenguaje chino, instruyéndonos en las características que un lenguaje imprime a la cultura. El chino, un lenguaje tonal (el significado de las palabras depende del tono en que son dichas) y polisémico (muchas palabras tienen diversos significados o son homógrafas), se presta a muchas interpretaciones. No es de extrañar que la cultura china enfatice tanto la dualidad, el yin y el yang, pues su propio lenguaje se presta a la interacción entre fuerzas opuestas.

«Le enseñé lo que hace del mundo un lugar donde se puede vivir: la salida y la puesta del sol, el calor y el frío, el polvo y el calor, el polvo y el viento, el polvo y la lluvia. Le enseñé lo que merecía la pena escuchar en este mundo: el viento, el trueno, el galope de los caballos en el polvo, la caída de guijarros en el agua. Le enseñé lo que da miedo oír: pisadas rápidas en la noche, tela suave que se rasga lentamente, ladridos de perros, el silencio de los grillos. Le enseñé de qué manera dos cosas mezcladas producen otra: el agua y la tierra forman barro, el calor y el agua hacen té, los extranjeros y el opio crean problemas.»Los cien sentidos secretos

Kwan narra cómo en su anterior vida enseñó a una extranjera el lenguaje y las costumbres de su país.

Este tipo de enumeraciones son especialmente interesantes tanto por lo que incluyen como por lo que dejan fuera. Lo que Miss Banner aprende tiene que ver, sobre todo, con la vida rural y la naturaleza. El narrador repite «polvo», que nos hace imaginar una vida ruda, tosca, en la que las mujeres trabajan contra este elemento para preservar el orden del hogar. Los elementos de la naturaleza abundan: sus vidas están muy determinadas por este medio: el clima, las lluvias, las estaciones…

La yuxtaposición de elementos dispares también produce un contraste llamativo y elegante. Nuestra imaginación asocia los diferentes elementos y encuentra nuevas relaciones entre ellos. Vemos juntos elementos naturales «el agua y la tierra» y sociales, «los extranjeros y el opio», asemejándolos. El narrador les da un carácter perentorio: esto es así por ley natural. Y este efecto Tan lo ha conseguido simplemente colocando las dos ideas en paralelo.

Hay tanto que puedes aprender sobre ambientación de Amy Tan, que no puedo resumirlo en una frase. ¡Es fantástica!

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A crear diálogos verosímiles

«—Basta ya, Violeta. No la expulsé por una nimiedad. Ha estado a punto de arruinarnos el negocio. Era necesario. —¿Qué hizo? —Pensó únicamente en sí misma y nos traicionó. Yo no sabía lo que significaba «traicionar» y, en mi frustración, sólo supe responder: —¿Y a quién le importa que nos haya traicionado? —A tu madre, que tienes aquí delante. —¡Entonces yo también te traicionaré! —le grité entre sollozos. Me miró con una expresión extraña, y por un momento pensé que iba a ceder. Por eso volví a insistir con descaro: —¡Te traicionaré! —le advertí. Se le crispó la cara. —Por favor, Violeta, basta ya. Yo no podía parar, a pesar de tener la certeza de estar desencadenando un peligro desconocido. —Te traicionaré tantas veces como pueda —repetí y de inmediato vi que una sombra le cruzaba su rostro.»El valle del asombro

El ejemplo de arriba ilustra muy bien las diferencias entre la manera de expresarse de un adulto (y especialmente un adulto de carácter distinguido y soberbio, como Lucía) y las de una niña, su hija Violeta. Las emociones de la hija están más a flor de piel, responde con frases más cortas y con un tono de voz más alto (aquí está justificado el uso de los signos de exclamación, para transmitir la intensidad y la falta de filtro de las emociones de una niña; incluso nos imaginamos el tono agudo con que se expresa). La madre se expresa con mayor contención y exactitud.

«—Si no te gustan, ¿por qué siempre les dices que era justo lo que necesitabas? —¿Cómo no ser cortés? —Entonces sé cortés, pero luego tira las colonias a la basura. —¿A la basura? ¿Cómo iba a tirar a la basura? ¡Cuesta dinero! —Entonces regálalas. —¿Quién quiere eso? ¡Agua de inodoro, puaj! ¡Yo no insulto a nadie!»La hija del curandero

Amy Tan caracteriza muy bien a las distintas generaciones de la comunidad china establecida en Estados Unidos. Las generaciones de inmigrantes poseen un lenguaje diferente al de las generaciones posteriores, que ya han aprendido el inglés de forma nativa. Sus padres utilizan frases más cortas de sintaxis simple, tienen un vocabulario más reducido y traducen las expresiones chinas literalmente. Para compensar esta limitación, se valen del lenguaje corporal, onomatopeyas («puaj») y la intensidad de sus emociones, lo cual les hace parecer más infantiles. Esto explica que tanto las hijas (Ruth en La hija del curandero) como las hermanas (Olivia en Los cien sentidos secretos) se sientan superiores a quienes deberían subordinarse (la madre y la hermana mayor, respectivamente).

Sin embargo, Tan no cae en el error de complicar la lectura con transcripciones fonéticas ni con un exceso de errores sintácticos y gramaticales. Esto suele convertir la lectura en un ejercicio de descodificación que pocos lectores soportan (hay libros que son más «fieles» al dialecto, como Trainspotting o Huckleberry Finn, a cambio de resultar más pesados de leer).

Lo que dicen los personajes no es tan importante como la manera en que lo dicen. Piensa bien qué palabras pones en boca de cada uno.

A usar bien el humor

«—Que se lo follen a él y a su madre —dijo—, que se follen a su tío y a su mujer, que tiene el coño podrido. ¡Cuánta mierda te ha contado! Debería limpiarse con su propia lengua el culo por donde ha salido toda la mierda que te ha contado, y por ese mismo culo deberían follárselo un perro y un mono.»El valle del asombro

Hay muy pocas cosas soeces en el lenguaje de Amy Tan. Incluso en su libro más subido de tono evita ser demasiado explícita y con ello anular la imaginación del lector.

Por ello, cuando por una vez es directa y brutal, como cuando Calabaza Mágica lanza estos improperios, sorprende y nos hace reír con su inventiva. Las circunstancias bajo las cuales los lanza, además, merecen cada una de estas palabras y más.

Observa también que no utiliza apenas signos de exclamación (de hecho, podría ahorrarse los pocos que utiliza y la intensidad no variaría un ápice). Tampoco califica la intervención de ninguna manera («dijo con la cara roja como un tomate» o «dijo iracunda»).

Las palabras bastan para comunicar la intensidad de la emoción.
Deslumbra al lector de vez en cuando con un chispazo de humor. Puedes utilizar el lenguaje soez de forma efectiva si mides cómo y dónde lo usas.

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A narrar desde la ambigüedad moral

«No quiero decir que tú no seas importante para mí; pero por muy grande que sea mi amor por ti, no puedo arrancarme la otra parte de mí y convertirme en alguien capaz de traicionar a su familia. No puedo esperar que quien no ha nacido en China, en el seno de una familia como la mía, comprenda la verdadera magnitud de mi responsabilidad.»El valle del asombro

La ambigüedad moral es el motivo por el que podemos vivir en este mundo sin volvernos locos. Significa que podemos sostener opiniones y sentimientos encontrados dentro de nosotros mismos. Su opuesto sería la integridad: la congruencia entre lo que decimos, pensamos y hacemos. Creo que estarás de acuerdo conmigo en que nadie es 100% íntegro.

La ambigüedad moral, por tanto, es parte del ser humano, y es lo que hace a los personajes de Amy Tan verosímiles: están plagados de flaquezas y contradicciones. Actúan de acuerdo a impulsos, pero también de acuerdo con sus ideales.

En el fragmento de arriba, Lu Shing le dice a Lucía que no puede entregarse a su amor. La idea de amor romántico de Occidente no casa con los valores chinos. Aquí Lu Shing actúa con integridad, de acuerdo con lo que él es realmente, pero antes ha actuado contra sus valores al haber mantenido relaciones con ella.

Este fragmento me gusta especialmente porque también retrata la brecha entre la sociedad occidental y la china. La primera vez que leí estas palabras de Lu Shing tenía 18 años y me pareció lo más ridículo y cobarde que había oído. Años más tarde, me parece lo más íntegro y valiente. Lucía pretende imponerle a Lu Shing su forma de ver la vida, que antepone el amor romántico a cualquier cosa, y el lector, si está atento y no es tan inmaduro como era yo, verá las profundas contradicciones sociales que retrata Tan en sus libros.

Tan no está a favor de uno ni de otro, muestra las contradicciones inherentes a cada cultura, y a la difícil relación entre dos culturas. No ofrece respuestas ni pregona verdades, como toda buena literatura.

Como Tan, no pretendas ofrecer respuestas que contenten a todos. Muéstranos las contradicciones inherentes al ser humano y deja que el lector saque sus propias conclusiones.

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No todo es bueno en Amy Tan

Demasiado densa

Algunos lectores no disfrutan leyendo a Amy Tan porque la lectura se les hace pesada. Alegan que su escritura es lenta y densa, que se detiene demasiado en algunas secciones y no hace avanzar la trama. No coincido con estos lectores, pero entiendo el motivo de sus quejas. Si no te interesa el aspecto cultural y anecdótico, las tropecientas páginas que dedica a hablar de las costumbres cortesanas en El valle del asombro pueden resultarte farragosas (aunque esta sección es de mis preferidas y me quedé con ganas de más). Tampoco es necesario que Tan nos describa cómo se destripa una rana, pero añade mucho color a su descripción de la sociedad china.

Sentimental

Otros lectores la tachan de ser excesivamente sentimental. De nuevo, no coincido con ellos, pero los entiendo. Cuando un autor descarga las emociones sin filtro, los lectores podemos posicionarnos con él o contra él, pero nunca nos dejará indiferentes. Un error mucho peor que resultarle sensiblero a algunos lectores es quedarte a medias y no conectar con ninguno. Lo que a un lector le resulta intenso y profundo a otro le parecerá exagerado, melodramático o ñoño: todo depende de si has logrado conectar con él y de si él ha logrado conectar contigo.

Personajes intercambiables

Otros critican que sus personajes sean intercambiables, y en esto estoy de acuerdo. Los personajes de Amy Tan, sobre todo sus heroínas, son todas mujeres fuertes y orgullosas, con carácter, que cuestionan lo establecido. También sus temas son siempre los mismos (el conflicto intergeneracional e interracial, el azar y el destino…) y sus escenarios similares (no salimos de China y Estados Unidos). Por eso, todos sus libros y sus personajes forman en mi cabeza un batiburrillo. Un batiburrillo muy entretenido, del que he disfrutado y aprendido mucho, pero un batiburrillo al fin y al cabo.

Amy Tan y la creatividad

Además de escribir bien, escucharla es muy divertido. Sus 22 minutos de exposición en TED2008 sobre la creatividad merecen la pena.

¿Y tú? ¿Has leído a Amy Tan? ¿Has aprendido algo de ella o, por el contrario, te ha resultado sentimentaloide? 😉


About the Author

Marta Tornero Rubio

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Marta Tornero Rubio es asesora literaria y correctora en WriterMuse, donde comparte herramientas, recursos y estrategias para escribir con toda tu creatividad. Si te bloqueas al escribir o el resultado te desanima, pásate por WriterMuse; escribir tu mejor novela está a tu alcance. Apúntate a su centro de recursos de escritura creativa para saber cómo.

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2 Comments on “Aprende de Amy Tan: Lectura crítica para escritores”

  1. Espectacular artículo, Marta. De lo mejor que he leído últimamente. Sí que es cierto que todos los puntos son un MUST en todo escritor que se precie, pero una cosa es saberlo y ota muy distinta aplicarlo (¡incluso distinguirlo!). Los ejemplos que has tomado, y cómo los explicas, son absolutamente maravillosos.

    Un artículo que dan ganas de ponerse a escribir.

    Enhorabuena.

    1. Vaya, Luis, muchas gracias. Me alegra que un montón que lo encuentres de utilidad :).

      Desde luego que es un must, pero la mayor parte de nosotros sabemos todo esto por intuición y por eso muchas veces no podemos poner palabras a lo que falla en nuestra escritura. Creo que para eso realizar una lectura crítica y atenta, sobre todo de esos autores y estilos que crees que nunca podrías imitar, me parece fundamental para progresar como escritores.

      Un abrazo!

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